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#oidoactivo

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By Héctor González
Educar oídos, modelar pensamientos y derribar mitos.
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Escuchar con discernimiento 29/01 - Alza tus ojos
Una de nuestras responsabilidades en el ministerio es la de recibir y escuchar a los que están a nuestro alrededor. No pocas veces otros vendrán buscando ayuda para resolver dificultades en sus relaciones con terceros. El líder sabio deberá moverse con cuidado en estas situaciones, si es que va a conducir a la persona en forma espiritual. Todo el que hable con nosotros presentará su situación desde su propia perspectiva, claro está. Pero con frecuencia nos encontraremos con personas que poseen una habilidad poco común para elaborar un cuadro donde no queda duda en cuanto a la culpabilidad de la otra persona. Sus palabras son persuasivas, sus argumentos son convincentes, y sus actitudes parecen ser las de una persona que ha sido tratada por el Espíritu de Dios. Sin darnos cuenta, descubriremos que coincidimos plenamente con la opinión del que nos está hablando. Nuestros comentarios comenzarán a delatar que ya hemos decidido quién es culpable en esta situación, ¡la persona que no está presente! El autor de Proverbios identifica el peligro que corremos al formar una opinión, en forma acelerada, sobre la situación que se nos ha presentado. Todos tenemos capacidad de describir situaciones de tal manera que nuestra parte parezca justa y razonable. El líder entendido sabe que siempre, aun en las peores situaciones, hay dos partes en una historia. Además de procurar el discernimiento que el Señor da, también estamos obligados a examinar la situación desde otros ángulos, incluyendo el de la persona que no está presente en ese momento. El que ha sido consultado, además, tiene que entender que en ese momento solamente puede trabajar con la persona que está presente. Deberá, por la tanto, conducir con ternura la conversación para que se puedan examinar las actitudes y comportamientos de la persona que está presente. Podremos estar de acuerdo que la persona ausente ha obrado mal, pero en este momento no tenemos acceso a su vida. Solamente podremos ayudar a la persona que tenemos delante, a ordenar su vida según los parámetros eternos de la Palabra. Esta es nuestra responsabilidad. Por otro lado, si ya hemos formado una opinión acerca del «pecado» de la otra persona, será muy difícil acercarse a ayudarla, pues nuestras conclusiones serán evidentes en las actitudes y las palabras que mostramos en el encuentro. Ninguna persona debe ser juzgada por lo que otro dice de ella. Cada uno debe ser escuchado y examinado con la mayor imparcialidad posible. Solamente de esta manera podremos ser herramientas eficaces para ayudar en la resolución de conflictos. Para pensar: En los evangelios existen varias ocasiones en las cuales se le pidió a Jesús que interviniera para arreglar conflictos, por ejemplo Lc 10.40, Lc 12.13, y Mt 20.20. Lea estos pasajes y medite en lo siguiente: ¿Cuál era el reclamo de cada persona? ¿Qué solución ofreció el Mesías? ¿Cómo encuadraba esta solución con lo que pretendían los que hacían el reclamo? ¿Qué lección espiritual se ve en estas escenas?
05:36
January 29, 2021
“Yo estoy contigo” 28/01 - Alza tus ojos
Tome nota de la razón por la cual el salmista está confiado. No es la esperanza de que sus circunstancias cambien, ni tampoco la idea de que puede tener una vida sin complicaciones, ni dificultades. Al contrario, el salmista se da cuenta que hay una buena posibilidad de que le toque caminar por el valle de sombra de muerte. La fortaleza de su postura frente a este panorama, sin embargo, es que tiene convicción de que el Señor estará con él, aun en las peores circunstancias. ¿Se ha detenido alguna vez a meditar en la cantidad de veces que el Señor dice yo estoy contigo? Los pasajes bíblicos donde encontramos reiterada esta frase parecen todos tener algo en común: Cada uno describe una situación que infundía temor en el protagonista de los acontecimientos. Jacob, por ejemplo, tenía miedo de volver a su casa porque su hermano había jurado darle muerte. El Señor lo visitó y le dijo: «yo estaré contigo» (Gn 31.3). Moisés, llamado a volver a Egipto, sintió temor porque creía que el Faraón procuraba su muerte. El Señor le dijo: «yo estaré contigo» (Ex 3.12). Josué se sentía atemorizado por la enorme tarea de guiar al pueblo en la conquista de la tierra prometida. El Señor le habló, diciendo: «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes porque Jehová, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas» (Jos 1.9). Cuando el ángel de Jehová llamó a Gedeón a liberar a Israel del yugo madianita, este sintió que era poca cosa para semejante tarea. Pero el Señor le dijo: «ciertamente yo estaré contigo» (Jue 6.16). El joven profeta Jeremías sentía que era inútil la tarea de tratar de proclamar la Palabra de Dios al pueblo. Eran muchos los que estaban en contra de él. El Señor le recordó: «Pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo» (Jer 1.19). Hasta el valiente apóstol se sintió atemorizado por la oposición de los judíos en Atenas. Por medio de una visión de noche, el Señor le dijo: «No temas, sino habla y no calles, porque yo estoy contigo» (Hch 18.9). Vivimos en tiempos muy difíciles en América Latina. La frágil estabilidad económica que habían logrado algunos de nuestros países se está desvaneciendo como la niebla matinal. En muchas naciones de la región los índices de desempleo aumentan inexorablemente día a día. Y, como si esto fuera poco, vivimos en un clima de creciente violencia donde cada vez nos sentimos más desprotegidos y vulnerables. Tiempos, en resumen, apropiados para vivir angustiados. Qué hermoso, entonces, es recordar esta afirmación confiada del salmista. «Aunque pase por el valle de sombra de muerte... «¡tú estás conmigo!» Este tiempo de crisis tiene un valor inestimable para los que deseamos cultivar una vida de mayor dependencia de él. Para pensar: Qué momento puede ser más apropiado que el presente para tomarnos fuertemente de su mano y decirle, como dijo Moisés, «si tu presencia no ha de acompañarnos, no nos saques de aquí» (Ex 33.15). Muchas veces no le sentimos; nunca le vemos. Pero él está con nosotros. ¡Adelante, entonces, sin temor alguno!
05:41
January 28, 2021
¡Déjese pastorear! 27/01 - Alza tus ojos
¡Cuánta belleza captada en esta inmortal poesía del rey pastor, David! Refugio de multitud de generaciones, este salmo nos revela como ningún otro los aspectos más íntimos del corazón pastoral de nuestro Padre celestial. Reparemos un momento en la voz de la mayoría de los verbos. Nada me falta, en lugares de delicados pastos me hace descansar, junto a aguas de reposo me conduce, él me restaura el alma, me guía por senderos de justicia, su vara y callado me infunden aliento, me prepara mesa delante de mis enemigos, me unge la cabeza. Sin ser un especialista en las estructuras gramaticales del idioma, salta a la vista que todos los verbos tienen una construcción idéntica. Están en voz pasiva. En cada uno de ellos, la oveja es la receptora y no la generadora de la acción. Recibe algo de parte del pastor: provisión, descanso, dirección, restauración, guía, aliento, servicio, unción. Debemos notar que estas cosas son producto del accionar del pastor, no de la oveja. Él, que las ama y desea lo mejor para ellas, permanentemente actúa para que puedan recibir todo lo que considera indispensable para su bienestar. Es una relación de dimensiones absolutamente sencillas: ellas reciben, él da. ¿Por qué nos detenemos en este detalle? Por la sencilla razón de que hay demasiadas ovejas dentro del redil que creen que es su responsabilidad producir estas realidades. Están tratando de restaurarse o conducirse a lugares de delicados pastos. La responsabilidad de la oveja, sin embargo, es una sola: dejarse pastorear. El pastor se ocupa de lo demás. Solamente se requiere de ella que esté dispuesta a ser guiada, restaurada, animada, etcétera. Este principio es el que Norman Grubb -uno de los grandes héroes de la obra misionera- llama un hecho fundamental de la vida espiritual: «Dios actúa por siempre según su naturaleza eterna, y el hombre según la suya, y esto no tiene variación en ambos». Dios por siempre es el que da, el hombre por siempre es el que recibe. Cuando nos olvidamos de este principio, perdemos la naturaleza de dependencia absoluta que es indispensable para una vida victoriosa. Qué difícil es para nosotros, los pastores, quitarnos la chaqueta de pastor y ponernos en posición de ovejas. Estamos acostumbrados a pastorear, no a ser pastoreados. Si no nos dejamos pastorear, sin embargo, nunca podremos ser eficaces como pastores. Para pensar: ¿Se deja usted pastorear? ¿O es muy arisco? En medio de las presiones ministeriales, ¿no le apetece ser llevado a lugares de delicados pastos, o a descansar junto a aguas de reposo? Claro que sí, ¿verdad ? Entonces, por qué no tomarse un momento para volver a poner las cosas en su lugar. Usted es, sin duda, pastor. Pero primeramente es oveja. Y como oveja, necesita que lo pastoreen. ¡Abra su corazón al dulce cuidado del Gran Pastor de Israel!
05:36
January 27, 2021
Ayudar al débil 26/01 - Alza tus ojos
El conocido pensador cristiano, Francis Schaeffer, observó en cierta oportunidad: «La ortodoxia bíblica sin compasión tiene que ser una de las cosas más desagradables sobre la faz de la tierra». Algunos comentaristas señalan que los fariseos poseían una lista de 630 reglamentos necesarios para vivir una vida agradable a Dios. El peso de semejante cantidad de leyes, lejos de animar al pueblo a buscar el rostro de Dios, había llevado a que la mayoría sintiera que la vida espiritual era para un pequeño puñado de personas selectas. El problema principal de los fariseos no estaba, sin embargo, en la cantidad de sus reglamentos aunque, por cierto, estos entorpecían grandemente a quienes aspiraban a cultivar una vida espiritual. La esencia del problema era el estilo que habían adoptado para enseñar estos preceptos al pueblo. Creían que su responsabilidad principal era simplemente la de decirle al pueblo lo que tenía que hacer. ¡Cuántos pastores ministramos con la misma convicción! Vivimos arengando al pueblo para que haga esto, eso, o aquello otro. Nuestras enseñanzas y predicaciones son una interminable serie de exhortaciones a cumplir con diferentes responsabilidades. En tales circunstancias, no ha de sorprendernos que el pueblo se siente agobiado y frustrado. La verdad es que la mayoría de los que son parte de la iglesia ya saben cuáles son sus responsabilidades. ¿Dónde está el creyente que, luego de años de asistir a reuniones, todavía no se ha enterado de que debe amar a su prójimo, leer la Palabra, compartir su fe o dedicar más tiempo a la oración? ¿Quién de entre nosotros encuentra novedosa una predicación que nos exhorta a ser generosos en el servicio, la adoración, o la ofrenda? El error en esta visión es creer que el pueblo se moviliza simplemente con exhortaciones. El exceso de exhortaciones acaba por atar cargas pesadas a los hombros de nuestra gente. La responsabilidad de todo pastor no es únicamente exhortar. También debemos estar dispuestos acompañar al pueblo en el intento de implementar lo que le hemos animado a hacer. El buen pastor exhorta, pero también se pone a la par de su gente y les ayuda a vivir conforme a la Verdad. Esto es lo que hizo nuestro propio pastor, Jesucristo. Animó a los discípulos a caminar en ciertas verdades; pero también se puso al lado de ellos y les mostró cómo hacerlo. Cuando volvió al Padre, convocó al Espíritu para continuar con esta tarea. Su mismo nombre, paracletos, indica que es uno llamado a ponerse a la par de otros para asistirles en su debilidad. Esto marca la diferencia entre un pastor de púlpito y un pastor con «olor» a ovejas. El primero solamente exhorta. La gente que está con él se siente frustrada, porque necesita quién les muestre el camino a seguir. El segundo, pasa tiempo acompañando, mostrando y corrigiendo al pueblo, para que aprenda cómo caminar con el Rey. Para pensar: ¿Quiénes son las personas que más le han ayudado en su peregrinaje en Cristo? ¿De qué manera lo hicieron? ¿Cómo puede lograr un buen equilibrio entre tiempo invertido en exhortar y tiempo invertido en ayudar? ¿Qué cosas impiden hoy que pueda lograr este equilibrio?
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January 26, 2021
Un hombre como nosotros 25/01 - Alza tus ojos
Hace unos cuantos años tuve la oportunidad de participar en el primer encuentro misionero Iberoamericano, COMIBAM, que se realizó en São Paulo en 1987. El «plato fuerte» del encuentro, se nos había informado, era la llegada, el último día, de un famoso evangelista. Cuando este hombre subió a la plataforma, se desató una corrida de cientos de personas que se agolpaban alrededor del púlpito para sacarle fotos. Algunos no tenían problemas de subirse a la misma plataforma para sacarse fotos con él. El desorden era tal, que el pobre hombre interrumpió la reunión para pedir que por favor no le sacaran más fotos. Aquella experiencia me llevó a pensar sobre el culto a los «famosos» que forma parte de nuestra cultura evangélica. Desde aquel encuentro, he visto una y otra vez la misma reacción en nuestro pueblo. Existe en nosotros una tendencia a elevar a los líderes más conocidos a una posición de privilegio y admiración, que no es bueno ni para ellos ni para nosotros. Pero, ¿por qué ese afán de estar cerca de ellos, de poderles saludar o tocar? En el fondo, sospecho que muchos de nosotros creemos que la grandeza de sus ministerios es consecuencia directa de la clase de personas que son. Miramos con algo de asombro sus ministerios y trayectoria porque sentimos que son personas de otra categoría, con cualidades y características que nosotros no poseemos. Santiago nos quiere animar a ser más atrevidos en la oración. Para eso nos da el ejemplo del poder que esta disciplina tuvo en la vida de Elías. Oró y dejó de llover; ¡oró de nuevo, y volvió la lluvia! No sé cual es su reacción frente a este relato, pero sospecho que la mayoría de nosotros diría: «Yo jamás podría hacer eso». Este es precisamente el argumento que refuta el apóstol. Antes de que podamos reaccionar, nos dice que Elías era un hombre igual que nosotros. No tenía nada de especial. Se deprimía, como nosotros. Se enojaba, como nosotros. A veces le fallaba la fe, como nos pasa a nosotros. Sin embargo oró, y Dios le respondió. ¿A qué apuntaba Santiago? La grandeza de Elías no radicaba en lo que él era, sino en el Dios en quien había creído. Su grandeza no era suya. Era del Señor. Por esta razón, ningún cristiano debe sentirse intimidado por semejante ejemplo de vida, porque el mismo Dios que operaba en la vida de Elías, también opera en nuestras vidas y ministerios. Para pensar: Como líder, déle gracias a Dios por el ejemplo de aquellas personas que tienen trayectoria y proyección internacional en el mundo evangélico. ¡Gracias a Dios por sus vidas y ministerios! Pero no deje intimidarse por lo que son. Su grandeza no es de ellos. Es del Señor que obra en sus vidas. Y ese mismo Señor obra en su vida y ministerio. Tómese de la mano del Señor y atrévase a creer que él también puede hacer grandes cosas en su vida.
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January 25, 2021
El nombre del Padre 24/01 - Alza tus ojos
En la gran oración sacerdotal del Hijo de Dios encontramos una admirable presentación de las metas que habían guiado su ministerio durante el tiempo de su peregrinación entre los hombres. Había buscado cumplir con dos grandes tareas. La primera está enunciada en el versículo de nuestro devocional de hoy. La segunda, mencionada en el versículo 8, fue que Jesús se propuso darles «las palabras que me diste». En muchos sentidos, este es el resumen de la tarea que enfrenta todo pastor. Hemos sido llamados a formar discípulos, a capacitar a los santos para la obra del ministerio. La gran pregunta es: ¿cómo logramos esto? Este pasaje nos da una clara idea del camino a seguir. Debemos entregar las palabras del Padre y, a la vez, revelar las características de su nombre. La entrega de la Palabra ha sido uno de los enfoques principales de gran parte de los líderes en muchas congregaciones, aunque debemos reconocer que hay segmentos de la iglesia que carecen de enseñanza bíblica. En términos generales, sin embargo, el pueblo de Dios no va a perecer por falta de conocimiento de las Escrituras. Mucho de nuestra vida como pueblo de Dios se desarrolla en infinidad de reuniones donde la Verdad es compartida, enseñada y predicada. No obstante, muchos conocen la Palabra, pero no al Dios de la Palabra. Notemos que Cristo combinó la enseñanza de la Palabra con la revelación del nombre del Padre. ¿A qué se refiere esto? Sencillamente al hecho de que Cristo no solamente entregó los preceptos contenidos en la Palabra eterna de Dios, sino que también trajo revelación en cuanto al corazón del autor de aquella Palabra. No podemos dejar de subrayar lo absolutamente fundamental que es este segundo aspecto. La Palabra sola, cuando es entregada sin una revelación del corazón de Dios, lleva a un legalismo pesado y sofocador. Las exhortaciones contenidas en las Escrituras son muchas, y quien las lee sin conocer al Padre puede concluir que este Dios no es más que un tirano. Por esta razón Cristo se ocupó de revelarle a sus seguidores el corazón pastoral del Dios de la Palabra. Es cuando percibimos la compasión y el deseo de hacernos bien del Padre, que comenzamos a ver la Palabra con otros ojos. Ya no son las demandas caprichosas de un Dios excesivamente severo, sino las tiernas instrucciones de un Padre que anhela profundamente compartir toda cosa buena con sus hijos. Cuando el pueblo conoce de primera mano la bondad de Dios, el obedecerle es más fácil. Para pensar: Usted no revela el nombre de Dios con más enseñanzas acerca de este tema. Revela el nombre del Padre cuando el pueblo percibe que usted le conoce íntimamente. La revelación del nombre de Dios es algo que se aprecia. Tiene que ver con una realidad espiritual que se deja ver cuando se entrega la Palabra. Si usted no está disfrutando diariamente de las bondades de nuestro buen Padre celestial, por más que hable del tema no podrá revelar el nombre de Dios. No se pierda la oportunidad, en este día, de disfrutar de la persona de Dios.
05:08
January 24, 2021
Proceso de aprendizaje 22/01 - Alza tus ojos
¿Ha reparado alguna vez en cuántas veces se repite en los evangelios esta escena? Jesús enseñaba a las multitudes. Los discípulos, quienes estaban entre los espectadores, recibían también la enseñanza del Maestro, pero no siempre entendían cuál era el sentido de eso que habían escuchado. Entonces, esperando el momento para estar a solas, se le acercaban y le pedían una aclaración, una explicación, o le compartían sus dudas. De esta escena, repetida tantas veces a lo largo de los tres años que compartió con ellos, se desprenden dos importantes principios para el líder que tiene un ministerio de enseñanza. En primer lugar, usted no debe dar por sentado que lo que ha sido claro para usted, en el razonamiento y las explicaciones que ha compartido, es también de esta manera para sus oyentes. Cada persona escucha y analiza lo que se le dice a través de su propia cultura personal. Por otro lado, en el proceso de comunicación, siempre se pierde algo. De manera que aquella idea que le parecía tan fácil y sencilla a usted, puede haber llegado en forma confusa y compleja a los que le escuchaban. No asuma que lo que usted enseña o predica es claro para todos sus oyentes. En segundo lugar, el maestro sabio entiende que la enseñanza es un proceso. La verdad se va «encarnando» en aquellos que la escuchan. A veces, la reacción inicial de sus oyentes puede incluso ser hostil, pero la Palabra va trabajando lentamente y echando raíces en la persona que la ha recibido. De esta forma, sería más correcto decir que la enseñanza es un proceso y no un evento. A medida que una persona tiene tiempo para meditar sobre las verdades que ha escuchado irá arribando a las conclusiones que abrirán la puerta a un verdadero cambio. Al entender esta realidad, el buen líder provee oportunidades para que sus más íntimos colaboradores puedan acercarse para buscar aclaraciones, hacer preguntas, o simplemente compartir de que manera han sido tocados por la Palabra. Esta es una parte fundamental del proceso de aprendizaje, y el líder que se apoya solamente en las reuniones formales para llevar adelante el ministerio de formar al pueblo va a encontrar que su efectividad no es muy alta. Es más, el buen maestro entiende que esos momentos informales donde la conversación simplemente «se da» son muchas veces las ocasiones en las cuales ocurre la enseñanza que más impacta la vida de otros. Para pensar: Piense un momento en su propio estilo de enseñanza. ¿Confía demasiado en la enseñanza de «micrófono»? ¿Dirían sus colaboradores más íntimos que es usted una persona accesible? ¿Qué cosas puede hacer para asegurarse que la gente realmente está entendiendo lo que comparte con ellos? ¿Cómo puede crear en su ministerio más momentos informales como los que vemos ilustrados en el pasaje de hoy?
05:11
January 22, 2021
El valor de la disciplina 21/01 - Alza tus ojos
Existe una tendencia en nosotros a hablar más de lo que practicamos. Creemos que hablar de lo importante que es tener una vida de oración es casi lo mismo que orar. Creemos que exhortar y animar a los hermanos a que compartan su fe con otros, es lo mismo que hacerlo. Creemos que exaltar las virtudes del estudio cuidadoso de la Palabra, es lo mismo que tomar tiempo para meditar en ella. Y ¿quién más expuesto a este peligro que nosotros los pastores, los que nos dedicamos a la enseñanza y a la proclamación de las verdades eternas de Dios? Pablo reconocía esta debilidad en los líderes, especialmente entre los más jóvenes. Por eso, anima a Timoteo a que su vida cristiana no consista en palabras. Esta exhortación, que parece haber preocupado seriamente al apóstol, la reitera siete veces en sus dos cartas al joven pastor. Su mensaje es claro: «no te enredes en las muchas palabras, porque ¡la vida espiritual no pasa por ese lado!» El apóstol ya había señalado en su primera carta a los Corintos que «el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder» (4.20). ¿Qué alternativa le propone? El de la disciplina. Es interesante notar que la palabra que usa es la misma de la cual nosotros derivamos el término «gimnasia». En otras palabras, Pablo está animando a Timoteo a que haga gimnasia para mantenerse en buen estado en su vida espiritual. La gimnasia de la que habla, claro, no es de ejercicio físico, aunque aclara que esta también tiene provecho. La gimnasia que él propone, sin embargo, es la de aquellas disciplinas que abren la puerta para mayor intimidad con Dios: la adoración, la lectura, la oración, el ayuno, la soledad, el silencio, etc. Muchos de nosotros tenemos vidas disciplinadas. Pero nuestra disciplina está mal dirigida. La gastamos en gran cantidad de actividades públicas porque son las que, en última instancia, mayores satisfacciones nos dan. Estas actividades, no obstante, no abren nuestras vidas al trato profundo del Señor. Es lo que hacemos cuando estamos solos, que marca la diferencia de lo que somos cuando estamos en público. La excelencia en cualquier emprendimiento en esta vida tiene un precio. El músico que aspira a ser extraordinario, no puede descansar meramente en su talento. Debe pasar horas y horas practicando todos los días. El deportista que aspira a llegar a lo más alto del podio, debe dedicar largas horas al entrenamiento todos los días. De la misma manera, los que aspiramos a lograr un grado de excelencia en nuestra vida espiritual debemos estar dispuestos a hacer los ejercicios necesarios para cultivarla. Para pensar: Dice el evangelista que Cristo tenía por costumbre «apartarse a lugares solitarios para orar». ¿Podría hacerse la misma observación de su vida? ¿Si tuviera que medir su pasión por la vida espiritual, que puntaje se daría? ¿Cuáles son las dificultades y obstáculos que más han interferido con su deseo de hacer «gimnasia» en su vida espiritual? ¿Qué pasos concretos puede tomar para crecer en este aspecto de su vida?
05:59
January 21, 2021
El rostro brillante 20/01 - Alza tus ojos
¡La persona que pasa tiempo con Dios no puede evitar ser transformado! ¿Acaso algún otro pasaje ilustra mejor esta verdad? La intensidad del encuentro entre el profeta y Jehová había sido tal que hasta la piel del rostro le brillaba. Nos recuerda inmediatamente a la transfiguración de Cristo, donde los discípulos vieron que «Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos» (Mr 9.3). Y este brillo no era meramente el resplandor de la tela de sus vestimentas, sino el brillo producido por la presencia de algo espiritual. Cuando leo este pasaje, pienso: ¡A cuántos nos gustaría experimentar algo similar a esto! Los que andamos en Cristo anhelamos tanto esa experiencia de cercanía al Señor, aunque sea que nos fuera concedido siquiera tocar el borde de su manto. ¿Qué se sentirá al vivir una experiencia como esta? ¿Podremos mantenernos en pie frente a semejante visitación de Dios? Nuestra «envidia santa» de la experiencia que le fue concedida a Moisés, sin embargo, no repara en un pequeño detalle en el versículo que hoy compartimos. Es que el profeta no sabía que le brillaba el rostro. Cosa insignificante, ¿verdad? En este detalle, sin embargo, encontramos parte del misterio de la transformación que obra en nosotros. Esa transformación, juntamente con las experiencias espirituales que la acompañan, no son primordialmente para nuestro deleite. Muchas veces ni siquiera sabemos que él está obrando en nuestras vidas. El objetivo de su obra es que los demás vean la gloria de Dios reflejada en nuestras vidas, no para que nosotros mostremos con orgullo nuestra madurez espiritual. Por esta razón conviene que examinemos con cuidado las motivaciones escondidas de nuestros corazones. Muchas veces veo entre pastores un forcejeo sutil para ver quién recibe mayor honra en las reuniones y encuentros con otros líderes. El apóstol Pablo anima a la iglesia de Filipo: «nada hagáis por rivalidad o por vanidad» (Flp 2.3). La «vanagloria» es aquella que parece ser genuina, pero que en realidad no tienen valor alguno. Es el reconocimiento y los aplausos que vienen de los hombres, y no la palabra de aprobación que viene de nuestro Padre celestial. Como tal, está destinada al olvido. Como líderes debemos procurar una vida de santidad e intimidad tal, que nuestra vida brille con gloria de lo alto. Nuestra sola presencia testificará de la magnificencia del Dios que servimos. Pero sepa usted que ni bien tome conciencia de ese resplandor se desvanecerá. Nuestro buen Padre sabe cuán rápido nos enorgullecemos de lo que, en realidad, no es nuestro. Por eso le fue dada a Pablo una espina en la carne. Para que la extraordinaria grandeza fuera de Dios, y no del apóstol. Para pensar: Considere el siguiente consejo de uno de los grandes santos del siglo XIX: «Piense lo menos posible en usted. Aparte con firmeza todo pensamiento que le lleve a meditar en su influencia, sus muchos logros o el número de sus seguidores. Pero sobre todas las cosas, hable lo menos posible de usted».
05:42
January 20, 2021
Una cuestión de óptica 19-01 - Alza tus ojos
Cuando Jehová se le presentó a Gedeón, éste estaba totalmente desanimado. Hacía tiempo ya que los madianitas le amargaban la vida al pueblo de Dios. Saqueaban las tierras de los israelitas y se llevaban lo mejor de la cosecha. En ese mismo momento Gedeón estaba trabajando para esconder el trigo. Note el marcado contraste entre el saludo del ángel de Jehová y la respuesta de Gedeón. El ángel se refiere a él como «hombre esforzado y valiente». Pero el joven israelita no se sentía ¡ni valiente ni esforzado! Al contrario, solamente podía pensar en que su familia era pobre y que él era el último de la casa. Al igual que David, no sería la persona naturalmente escogida por la familia para cualquier proyecto importante. Estaba acostumbrado a que nadie le tuviera en cuenta. Mirando, entonces, sus recursos, exclamó con toda naturalidad: «¿con qué salvaré yo a Israel?». He aquí uno de los misterios de la obra de Dios. Para tener éxito en los proyectos que él nos propone, no es importante cómo nos vemos, ni cómo nos sentimos. ¡Lo importante es cómo nos ve Dios! Sara se veía como una anciana estéril, sin perspectivas ya de engendrar hijos. El Señor la veía como la madre de una multitud. Moisés se veía como un tartamudo, útil solamente para cuidar ovejas. El Señor lo veía como el hombre ideal para liberar al pueblo del yugo egipcio. Pedro se veía como un torpe pescador de Galilea. Cristo lo veía como la roca, un líder con un rol clave en la formación de la nueva Iglesia. Ananías veía en Saulo a un hombre dedicado a la persecución violenta de la iglesia. El Señor veía en este hombre a un instrumento escogido para llevar el evangelio a los gentiles. ¿Cómo se ve usted, pastor? ¿Se ve como un pobre desdichado que tiene pocas capacidades y aun menos recursos? ¿Cree que Dios lo ve de la misma manera? ¿Cómo le saludaría el ángel de Jehová si se le apareciera hoy? Para pensar: Tenga en cuenta que puede ser verdad que usted es pobre y tiene pocos recursos. Gedeón era de veras miembro de una familia pobre. La dificultad no está en las condiciones que tenemos. El problema está en creer que estas condiciones y circunstancias limitan la actividad y los proyectos de Dios. El Señor no ve nuestra realidad como impedimento para sus planes, porque es él el que hace la obra, no nosotros. El ángel le dijo a Gedeón: vé con tu fuerza. No le estaba pidiendo que buscara más recursos, ni que echara mano de tesoros que no poseía. Simplemente quería que pusiera su incapacidad en manos del Dios todopoderoso. ¡Un siervo inútil en las manos de Dios, puede ser un arma por demás poderosa!
05:34
January 19, 2021
Lo primero, primero 18/01 - Alza tus ojos
Este versículo nos da, en forma resumida, una clara idea de cuál era el plan que Cristo tenía en mente cuando escogió a sus doce discípulos. El camino a seguir incluía tres claros objetivos: 1) estar con él, 2) enviarlos a predicar, y 3) darles autoridad sobre los enfermos y los endemoniados. Hay otros pasajes donde podría ser modificado el orden sin que se altere el producto final. Pero esta es una clara instancia de una secuencia en la que cada paso depende de la anterior. El orden establecido para esta estrategia no puede ser modificado. Podríamos sanar enfermos y expulsar demonios, pero tendría escaso valor si no fuera acompañada de la Palabra, que tiene un peso eterno. Asimismo, podríamos también agregarle la predicación de la Palabra a nuestro ministerio de sanidad, pero si no está sustentado por una relación de intimidad con el Hijo, no podríamos realmente señalar el camino hacia el conocimiento del Mesías. Es aquí donde, como pastores, necesitamos ejercer gran cautela. La vorágine del ministerio con frecuencia lleva a que estos factores se inviertan, de manera que nos encontremos atrapados en gran cantidad de actividades que tienen la apariencia de devoción, pero que nos han robado lo más precioso, que es nuestra relación con el Señor. Cuando me encuentro con pastores, siempre busco la oportunidad de preguntarles cómo andan en su vida espiritual. Es fácil tomar por sentado que si estamos en el ministerio entonces, lógicamente, estaremos disfrutando de intimidad con el gran Pastor. La realidad, lamentablemente, es otra. Muchas veces encuentro que los pastores han perdido su pasión por Aquel a quien están sirviendo con tanta devoción. El evangelio de Mateo nos presenta una escena escalofriante. Algunos que pretenden justificar su falta de relación, señalando las muchas obras que han realizado, dirán en el día del jucio: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» El Hijo del Hombre les responde con esta lapidaria frase: «Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!» (Mt 7.22–23). Note usted que Jesús les llama «hacedores de maldad». ¡Es muy fuerte! No deja lugar a dudas que toda obra divorciada de una relación con el Señor, aun cuando sea obra para él, es obra mala. ¿Ha perdido usted la disciplina de pasar tiempo con él, buscando su rostro y su compañía ¿Lo han vencido las constantes demandas para hacer cosas en la iglesia? ¿Se le ha enfriado un poco la relación con el Señor? ¿Por qué no aprovecha este día para volver a poner las cosas en su lugar? ¡Acérquese con confianza y renueve esa relación que tanto bien le hace! El Señor lo ha estado esperando. Para pensar: Alguien ha observado alguna vez que estar ocupado en los negocios del Rey, no es excusa para olvidarse del Rey. Si usted está tan ocupado que no le queda tiempo para estar con su Pastor, está más ocupado de lo que él quiere.
05:47
January 18, 2021
Fiesta en el cielo 17/01 - Alza tus ojos
El otro día hablaba con un pastor que acababa de terminar una campaña evangelística. La actividad se había realizado a lo largo de dos arduas semanas de reuniones, en las cuales la carga de predicar la Palabra había caído principalmente sobre sus hombros. Su rostro mostraba el cansancio y la fatiga de quien ha estado ocupado en los muchos detalles que son parte de este tipo de eventos. Le pregunté cómo habían salido las cosas. Me contó, con tono de desilusión, que solamente se habían convertido unas 15 personas. Claro, tantas horas de oración, tanto esfuerzo invertido, tantas invitaciones repartidas, tantos hermanos movilizados, tantas reuniones realizadas... Los resultados no parecían corresponder al enorme esfuerzo invertido. Como pastores vivimos con una constante presión de medir nuestro éxito en términos de números. Todo un movimiento dentro de la iglesia se dedica a promover en seminarios, conferencias, artículos y libros, el testimonio de los «superpastores» que supervisan congregaciones de miles de creyentes fervorosos y comprometidos con el evangelio. Son nuestros modelos. Abundan las reuniones y los encuentros donde podemos escuchar los «secretos del éxito» que han producido en ellos ¡tan fenomenal crecimiento! Lo que no nos damos cuenta es que estas congregaciones no son normales. Un reconocido investigador afirma que el 98% de las congregaciones alrededor del mundo reúnen entre 80 y 150 personas, es decir congregaciones como la suya, como la mía. En ellas el crecimiento es fruto del esfuerzo y el trabajo. Va acompañado siempre de lágrimas y contratiempos. A veces hacemos todo lo que sabemos hacer y lo único que cosechamos es un crecimiento lento y trabajoso. ¡Qué bueno recordar la parábola que contó Jesucristo! El pastor dejó las 99 ovejas para salir a buscar solamente una oveja que estaba perdida. Cuando la encontró, hizo una gran fiesta e invitó a sus vecinos a celebrar con él. De la misma manera, señaló, la conversión de una sola persona es motivo de gran celebración en el cielo. ¿Qué nos ha pasado que solamente nos impresionan las campañas donde 45.000 se «convierten»? ¿Será que necesitamos volver a recuperar una perspectiva más celestial del tema? ¿Cómo es eso de que «solamente se convirtieron quince»? Por esos quince se hicieron quince fiestas en el cielo. Cada individuo, cada ser humano, tiene un valor inestimable para nuestro buen Padre celestial. Si solamente se hubiera convertido uno, él diría que ¡valió la pena! Regocíjese, pastor. A usted se la ha concedido ser partícipe de esa gran fiesta que se hace en los cielos. Cada uno de los que se convierten son un tesoro sin igual para el Señor. Atribúyale a esas personas el mismo valor que él les da. No se prive de participar de la fiesta, simplemente porque los números no coinciden con las cifras que se consideran señales del éxito. Éxito, en términos celestiales, es una oveja recuperada. Para pensar: Desde nuestra óptica Juan el Bautista no fue muy exitoso. Terminó el ministerio prácticamente solo. El Hijo de Dios no dudó, sin embargo, de llamarlo el más grande profeta de todos los tiempos. ¡No hay duda que lo miraba con otros ojos!
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January 17, 2021
En defensa del ministerio 16/01 - Alza tus ojos
Cualquiera de nosotros que hemos estado un tiempo en el ministerio sabemos exactamente de que está hablando este pasaje. ¿Cuántas veces nos hemos visto obligados a repartir nuestro esfuerzo entre varios proyectos a la vez, porque la demanda del trabajo es mayor que la mano de obra disponible? Esta realidad es una constante dentro de la congregación local, y requiere que el pastor sea una persona de muchos talentos, ocupado en una diversidad de actividades. Los apóstoles se encontraron rápidamente envueltos en una situación similar. Las necesidades de un creciente número de personas que recibían alimentos los había llevado a estar cada vez más ocupados en el tema de la distribución de la comida. El trabajo debía ser organizado, las dificultades debían ser superadas y los nuevos desafíos necesitaban ser encausados. No daban abasto con la incesante lista de cosas para hacer. En medio de todo esto, sin embargo, pudieron detenerse para evaluar lo que estaba ocurriendo. Envueltos en un proyecto por demás loable y necesario, estaban desatendiendo su verdadero llamado, que era el de dedicarse a la oración y la Palabra. A nuestros oídos mezquinos, el comentario de los apóstoles suena un tanto elitista. Muchas veces he escuchado a personas decir que ellos no deseaban ensuciarse las manos con trabajo que consideraban por debajo de su verdadero lugar dentro de la congregación. Nada podía estar más lejos de la verdad. Los apóstoles no estaban diciendo que servir las mesas era un trabajo poco digno de sus habilidades. Lo que estaban diciendo es que ellos estaban siendo infieles a su llamado por enredarse en cosas a las cuales no habían sido llamados. Existe en la decisión de buscar diáconos una disciplina admirable. En medio de la vorágine del ministerio no habían perdido la capacidad de mantener el ojo puesto sobre el objetivo principal de su llamado. El hecho es que si Dios nos ha llamado a hacer cierta tarea, toda otra actividad -por más santa y noble que sea- es una distracción de nuestra verdadera vocación. En el caso de los apóstoles, había muchos que podían servir las mesas. Probablemente, lo podían hacer con mayor gracia y eficacia que los apóstoles. Pero las tareas de velar por la congregación y enseñar los principios eternos de la Palabra, no podían ser delegadas a otros, porque habían sido encomendadas a ellos. La historia identifica uno de los problemas que más frecuentemente enfrenta el pastor: convertirse en una persona que hace de todo, pero no apunta a nada. Enredarse en muchas actividades de la congregación puede llevar a la pérdida del sentido de dirección en el ministerio. La mucha actividad no es necesariamente una señal de que el pueblo está avanzando hacia un objetivo puntual. A veces no es más que la evidencia de que están bien perdidos. Para pensar: ¿Sabe cuáles son sus dones principales? ¿En qué ministerio debería estar utilizando estos dones? ¿Cuánto tiempo está invirtiendo en este ministerio? ¿Qué pasos prácticos puede tomar para mejorar su rendimiento?
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January 16, 2021
Construir con sabiduría 15/01 - Alza tus ojos
Un gran sector de la iglesia ha creído que la propuesta del Cristianismo es la de hermosear la vida que poseemos. De esta manera, la persona que llega al arrepentimiento y se incorpora a la Iglesia del Señor frecuentemente experimenta modificaciones muy leves en su vida. Aun después de muchos años de andar en el camino encontramos que son pocas las cosas que lo diferencian del hombre de la calle. La misión que el Señor le da al profeta Jeremías, descrita en términos tan gráficos en el texto de hoy, nos muestra que el ministerio involucra un cambio mucho más dramático y profundo de lo que pensamos. Dios no está en el negocio de emparchar vidas, de hacerles una reparación mínima para que puedan luego continuar funcionando dentro del reino. Antes de que se pueda producir la tarea de edificación, debe ser removido todo aquello que no sirve. De esta manera, la tarea del profeta incluía la parte negativa del proceso de reconstrucción, que era la de arrancar, destruir, arruinar y derribar. Note usted lo radical y terminante de estos términos. Usted no destruye ni arruina aquello que tiene intención de volver a usar. Usted solamente arranca y derriba aquello que ya no le sirve más. Creo que muchos pastores se sienten frustrados porque están involucrados en proyectos donde pretenden darle una «lavada de cara» a cosas que, en su esencia, están podridas. Son muchas las técnicas y metodologías del mundo que hoy nos venden los expertos del crecimiento de la iglesia, la gran mayoría de las cuales ni siquiera han sido adaptadas a la iglesia, sino simplemente transferidas tal cual existen en el mundo empresarial. Muchos son los cristianos que quieren retener todas las comodidades y modalidades del mundo, mientras viven una vida espiritual predecible e insulsa. Muchas son las congregaciones que dan testimonio de tener más en común con los ciudadanos de este mundo que con los del reino. Aunque usemos pintura de la más blanca para tornar en presentables estas cosas, su esencia no puede ser redimida. El único destino adecuado para ellos es el de la destrucción. Seguramente a esto apuntaba Jesús cuando dijo que «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo, pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo» (Lc 5.36). El principio que señala es claro: llega un momento en que el vestido viejo está tan desgastado que no vale la pena repararlo. La solución es tirar el vestido viejo y guardar el paño nuevo para otra cosa. Para pensar: El apóstol Pablo señala, en Romanos 6.4, que «somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva». Nuestro destino espiritual cuando llegamos a Cristo no es el «taller de chapa y pintura». Es la muerte. Solamente de la muerte se puede obtener una vida nueva.
05:42
January 15, 2021
Cegados por la mentira 14/01 - Alza tus ojos
¡Cuán grande debe haber sido la sorpresa cuando el Maestro partió el pan y se dieron cuenta de quién era! ¡Qué tremenda alegría de saber que la persona que los había deslumbrado con su conocimiento de las Escrituras no era otro que el Mesías! El final tan feliz de este encuentro, sin embargo, se ve eclipsado por el estado de los discípulos antes de que sus ojos fueran abiertos. El relato de Lucas nos dice que caminaban mientras discutían entre ellos sobre los acontecimientos. Bien podemos imaginar cómo volverían una y otra vez a mirar la tragedia de la cruz desde todos los ángulos, para tratar de encontrar en ella alguna explicación que hiciera más llevadero su dolor. La tristeza se había apoderado de sus corazones con una tenacidad absoluta. Pero... ¿por qué estaban tristes? Porque creían que Cristo estaba muerto. Y a la tragedia de su muerte se sumaba ahora un confuso episodio en el cual algunas de las mujeres aseguraban que lo habían visto. ¿Cómo podía ser verdad aquello? Todo el mundo había sido testigo de su crucifixión y posterior sepultura. La verdad es que Cristo no estaba muerto; ¡estaba vivo! Él les había anunciado que al tercer día volvería a la vida. Algunas mujeres ya lo habían visto. Pero las pesadas emociones que experimentaban no les permitían ver la realidad. Estaban atados por una mentira. El poder de esa mentira era tal, que cuando Jesús les comenzó a abrir la Palabra, la verdad no pudo quebrar la fortaleza del engaño. Empezando con Moisés y pasando por todos los profetas, el Hijo de Dios les explicó que todo lo que había pasado no era más que el cumplimiento de las Escrituras. Los discípulos estaban tan desanimados que no podían recibir aquella Palabra que tenía poder para hacerlos libres de la mentira. Nuestros pensamientos tienen enorme influencia sobre nuestro comportamiento y nuestras emociones. Por esta razón Pablo enseña que «las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Co 10.4–5). Como líder usted debe ser implacable con todo pensamiento que no es conforme a la verdad de Dios. Tómelo cautivo. Denúncielo y póngale las esposas en el nombre de Cristo. Preséntelo delante de su trono. Si le da lugar, lo llevará a usted por el camino de la ceguera donde, aun si se le aparece Jesús en persona, no lo reconocerá. Para pensar: A. W. Tozer, escribe: «Nuestros pensamientos no solamente revelan quiénes somos sino que predicen también lo que seremos. La voluntad puede convertirse en esclava de los pensamientos y en muchos sentidos hasta nuestras emociones dependen de nuestros pensamientos. Pensar estimula las emociones, y las emociones producen acciones».
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January 14, 2021
Genuino corazón pastoral 13/01 - Alza tus ojos
¿Quién de nosotros no hubiera desesperado al andar con este pueblo, tan propenso al mal, tan duro de corazón? A cada vuelta de su peregrinaje caían otra vez en pecado, provocando continuamente a Dios con sus abominaciones. Como pastores sabemos bien lo que es luchar con un pueblo que no responde. Hemos tratado por años con personas que vuelven una y otra vez, como el perro a su vómito, al mismo comportamiento pecaminoso. Hemos dedicado horas de consejería y asesoramiento pastoral a otros que, sin embargo, vuelven a caer ni bien los soltamos por un momento. Hemos invertido mucho tiempo y esfuerzo en líderes que nos defraudan. Muchas veces lo único que vemos es lo reiterativo de los patrones pecaminosos que nos atan y derrotan. Moisés reprendió duramente al pueblo por la magnitud de su pecado. Habían ofendido profundamente la santidad de Dios, y su rebeldía había encendido la ira de Jehová. Lo que habían hecho era inadmisible desde todo punto de vista. El profeta no dudó en explicar la gravedad de la situación a los israelitas. Se ofreció, a pesar de esto, a subir a la presencia de Dios para hablar con él acerca de la situación, aunque se mostró escéptico en cuanto al éxito de dicha empresa. Note, sin embargo, cuán diferente es el tono de la conversación de Moisés con el Señor. Sin minimizar en forma alguna la enormidad del pecado, Moisés le pidió a Jehová que perdonara el pecado de los israelitas. No dudó en hacerle saber al Señor que él estaba plenamente identificado con el pueblo. Si les correspondía castigo, él no quería ser dejado de lado. En esencia, le estaba diciendo a Dios: «castígalos si es necesario, pero quiero que sepas que yo me hago uno con ellos». Qué maravillosa ilustración de ese misterioso vínculo que nos une con el pueblo. Esta es la esencia del corazón pastoral. El pueblo muchas veces nos cansa. Nos sentimos desanimados. Juntamente con el apóstol Pablo testificamos que «se añade cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno?» (2 Co 11.28–29). A veces queremos abandonar la tarea de pastorear, pero Dios ha puesto en nosotros un amor que no nos deja tranquilos. Son nuestro pueblo, en las buenas y en las malas. Sus victorias son nuestras victorias. Sus derrotas son también nuestras derrotas. ¡Esta es nuestra bendita carga! Oración: Tome un momento ahora para darle gracias a Dios por el pueblo en medio del cual le ha puesto para pastorear. Pídale al gran Pastor que reavive una vez más en usted su pasión por estas vidas. Clame para que le dé el mismo espíritu tierno y bondadoso que él tiene para con nosotros. ¡Bendiga a los suyos, a pesar de lo que son, pues para esto ha sido llamado!
05:27
January 13, 2021
Luchar con Dios 12/01 - Alza tus ojos
Luchar con Dios ENERO 12 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Cuando el hombre vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Génesis 32.24–25 Este es uno de esos pasajes que nos resulta por demás extraño. ¿Dios envuelto toda la noche en una lucha cuerpo a cuerpo? ¿Cómo ha de explicarse tan raro evento en el relato de la historia de los patriarcas? Creo que la historia no es tan extraña como inicialmente parece. Para entenderla, debemos recordar la vida de Jacob. Había nacido hijo de la promesa. Por él pasaba la descendencia de aquellos que iban a ser parte de esa gran nación que le había sido anunciada a Abraham. Por esto, la bendición de Dios reposaba sobre él aun desde el vientre de su madre. Un rápido vistazo a los acontecimientos de su vida, sin embargo, nos muestran a un hombre que no dudó en echar mano de cuanto artilugio pudiera para conseguir la bendición que Dios le había prometido. Lo vemos envuelto en reiteradas situaciones donde se aprovechó de la debilidad de otros. Lo observamos haciendo trampa, mintiendo, engañando y siendo engañado. Acumuló una gran fortuna en bienes, pero se hizo de muchos enemigos en el camino, incluyendo el odio visceral de su hermano Esaú, que había jurado matarlo. No es una figura muy inspiradora. A veces el Señor lleva años queriendo decirnos algo sin poder lograr que le prestemos atención. Su voz es la del «silbo apacible». Pero cuando no hacemos caso, debe adoptar métodos más directos. Este es uno de esos incidentes. En forma muy gráfica Dios le muestra al patriarca lo que había sido su existencia hasta este momento: ¡una lucha sin fin por apropiarse de la bendición de Dios! El relato nos dice que el Señor no pudo contra él. De cierto esta no era una puja por dominio físico. Dios podría haberle destruido simplemente con la palabra de su boca. Mas no era la intención del encuentro destruirlo, sino mostrarle lo arduo y cansador que había sido el camino recorrido. En un sentido muy claro el Señor le está diciendo al patriarca: «toda la vida has estado luchando conmigo, sin darte cuenta que yo estoy de tu lado. ¿Cuándo dejarás de pelear contra mí? Quédate quieto, y déjame que te bendiga de una buena vez!» Lo que más deseaba el Señor era la prosperidad de Jacob, pero no por el camino que éste había escogido. Muchas veces, como líderes, estamos tan desesperados por asegurarnos la bendición de Dios para nuestros proyectos que echamos mano de todo lo que se nos viene por delante. Trabajamos con una desesperación que revela que creemos que todo depende de nuestro esfuerzo. En ocasiones hasta logramos el avance deseado. Pero cuánto más fácil hubieran sido las cosas si hubiéramos aprendido a unir nuestro trabajo al brazo fuerte de Dios. Para pensar: Quizás este es un buen momento para detenerse. Tome un momento para volver a poner las cosas en su lugar. Usted no está trabajando para Dios. Usted está trabajando con Dios. No quiera hacerlo todo solo. Descanse más en él, y verá los resultados.
05:44
January 12, 2021
Enfrentar la derrota 11/01 - Alza tus ojos
Sospecho que nuestras derrotas son mucho más serias para nosotros que para el Señor. No hemos sido preparados para vivir con el fracaso, pues nuestra cultura demanda que avancemos siempre de victoria en victoria. Cuando, ocasionalmente, experimentamos la derrota en proyectos y situaciones ministeriales, nuestra autoestima se ve afectada y fácilmente nos envuelve una nube de desánimo y pesimismo. Los israelitas, eufóricos por el tremendo triunfo que Dios les había concedido sobre la indestructible fortaleza de Jericó, se habían lanzado confiadamente a conquistar un pueblito que no tenía ni la décima parte del tamaño de Jericó. Cuán rápidos somos para adueñarnos de las victorias que nos ha concedido el Señor. Intoxicados por la derrota de Jericó, los israelitas vieron como presa fácil el próximo objetivo militar de la conquista, el pueblo de Hai. Bien conocemos la humillante derrota que sufrieron en ese lugar. Y la derrota nunca es tan amarga y difícil de digerir como cuando estábamos seguros de que todo iba a ser un mero trámite. Josué se sintió profundamente desilusionado, hasta traicionado. Se tiró en el piso y exclamó con amargura: «¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!» (Jos 7.7). En tiempos de derrota podemos perder mucho tiempo lamentándonos por las decisiones tomadas. No hay duda que es importante aprender de los errores cometidos. Sin embargo, todas las recriminaciones del mundo no pueden deshacer lo que ha ocurrido. Cuando estamos tumbados, debemos ponernos de pié y resolver lo más rápido posible la situación que nos llevó a caer. Por esta razón, el Señor le preguntó a Josué: «¿por qué te postras así sobre tu rostro?» (Jos 7.10). Lo animó a levantarse y hacer lo que tenía que hacer: limpiar al pueblo de su pecado. Cuando usted cae, el enemigo quiere que usted se mantenga allí, sintiendo lástima por sí mismo y renegando por la situación que vive. Su Padre celestial, sin embargo, lo quiere otra vez en pie. Si hay cosas que confesar, confiéselas. Si hay personas que enfrentar, enfréntelas. Si hay situaciones que corregir, corríjalas. Pero no pierda mucho tiempo lamentándose por los acontecimientos que le han tocado vivir. Richard Foster, en su excelente libro La Oración nos recuerda: «Cometemos errores -muchos de ellos; pecamos, nos caemos, y con frecuencia- pero cada vez nos levantamos de nuevo y comenzamos otra vez... Y una vez más nuestra insolencia y obsesión con nosotros mismos nos derrota. No importa. Confesamos y comenzamos de nuevo... y de nuevo... y de nuevo». Para pensar: Sea enérgico en las situaciones donde sus sentimientos lo invitan al desánimo. Su gente necesita ver que usted no es una persona que pueda ser fácilmente derrotada. No se trata de dar la apariencia de ser invencible, sino de actuar decididamente a la hora de manejar los contratiempos de esta vida. Todos pasamos por situaciones adversas. Pero el líder espiritual se caracteriza por no permitir que esas situaciones condicionen su avance hacia las metas que el Señor le ha trazado.
05:56
January 11, 2021
Cuidar a nuestros obreros 10/01 - Alza tus ojos
De esta manera terminó el primer viaje ministerial que hicieron los apóstoles. Volvieron llenos de anécdotas de las aventuras vividas. Traían nuevas inquietudes acerca de las cosas que no habían sabido manejar correctamente. El Maestro se tomó un tiempo para escucharlos y luego los apartó hacia un lugar tranquilo. Es en esta decisión que vemos reflejado otro aspecto del corazón pastoral del Mesías. Jesús conocía bien el desgaste que produce el ministerio en la persona que está ministrando. Las demandas incesantes, la intensa concentración, la fuga de energías, la euforia de ver obrar al Señor, todo es parte del paquete que llamamos ministerio. Y tiene sus efectos sobre los que están sirviendo al pueblo. El obrero que está constantemente ministrando, pero que no posee los mecanismos necesarios para renovar sus fuerzas, termina en un estado de profundo agotamiento. Su ministerio va a volverse pesado y su corazón va a llenarse de frustraciones, porque va a sentir que la tarea es cada vez más difícil de llevar adelante. Necesita de períodos de descanso y recuperación para poder seguir ministrando en el Espíritu, y no en la carne. Por esta razón, los apartó a un lugar tranquilo, para que pudieran recuperarse de la experiencia. Una de nuestras prioridades, como pastores, es velar por el bienestar de nuestros obreros. Ellos no tienen la trayectoria ni la experiencia que nosotros tenemos. No conocen sus limitaciones y tienden a meterse en más proyectos de lo que es saludable. Pero nosotros sí conocemos estas dimensiones de la vida ministerial, y hemos sido llamados a protegerlos a ellos de sí mismos. Es triste ver que muchos obreros están completamente desgastados por las implacables demandas de sus pastores. Se les ha enseñado que cualquier señal de fatiga es poco espiritual y que deben estar incondicionalmente dispuestos a asumir la responsabilidad de todo lo que sus líderes les pongan por delante. Y como si esto fuera poca cosa, frecuentemente conviven con pocas expresiones de afecto o apreciación por parte de sus pastores. No siga usted este ejemplo. Valore el trabajo de los que están sirviendo a la par suya. Sus obreros son uno de sus recursos más preciosos. Un obrero feliz se reproduce en un ministerio pleno y fructífero. Pero un obrero triste solamente contagia a los demás su amargura. Sea, pues, generoso en expresarle gratitud a sus obreros. Vele por la salud emocional y espiritual de ellos. Demuestre interés en lo que están haciendo y anímelos a seguir adelante. Apóyelos en todo lo que hacen. Cada uno de esos obreros le está aliviando la tarea a usted, y eso no es poca cosa. Para pensar: ¿Cuáles son los peligros con los cuales lucha en su ministerio? ¿Cómo puede evitar que sus obreros luchen con esos mismos peligros? ¿De qué maneras puede expresarles su cuidado y afecto? Tómese un tiempo hoy mismo para demostrar interés por algunos de sus obreros.
05:30
January 10, 2021
Seguros en Él 09/01 - Alza tus ojos
¡Cómo no entender la indignación de los discípulos! Imagínese por un momento la escena. Una violenta tempestad arreciaba por todos lados. El viento aullaba y las olas castigaban ferozmente el bote. Los discípulos, empapados por la espuma del mar y el agua que se metía con insistencia en el fondo de la embarcación, luchaban con desesperación para no hundirse. Y él, ¿dónde estaba? En la popa, durmiendo. ¿Cómo evitar la conclusión de que a él no le interesaba sus vidas? ¿Por qué dormía el Maestro? Seguramente dormía, en parte, porque sencillamente estaba agotado, pues había pasado el día entero enseñando a las multitudes. Sospecho, sin embargo, que su despreocupación tiene otro origen. Las instrucciones de cruzar el lago las había dado él mismo. Podemos decir con toda confianza, no obstante, que estas instrucciones no habían sido por ocurrencia propia. En Juan 5.30 él dijo: «No puedo yo hacer nada por mí mismo». Y en el 6.38 del mismo evangelio aclaró: «He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió». No estaríamos errados, entonces, en afirmar que las órdenes de cruzar el mar las recibió del Padre. Es en este detalle que podemos encontrar la razón de la postura de Jesús en medio de la tormenta. El Hijo de Dios no estaba preocupado porque sabía que el Padre se encargaría de que llegasen al otro lado; después de todo la idea de cruzar no había sido de él. Su despreocupación tenía que ver con esa profunda convicción de que había uno mayor que él que velaba por su bienestar. Si Dios había mandado que cruzaran al otro lado, ¿quién lo podía impedir? Como líderes, necesitamos tener ese espíritu reposado de quienes saben hacia dónde se dirigen. ¿No sería maravilloso que el mismo contraste entre Jesús y los discípulos fuera el que existe entre la iglesia y la atribulada sociedad de hoy? Pero, para eso, necesitamos pastores que saben hacia dónde se dirigen, y por qué van hacia ese lugar. Al igual que Moisés, cuando el pueblo llegó al Mar Rojo y fue presa del pánico, necesitamos poder decirle a nuestra gente: «No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová os dará hoy; porque los egipcios que hoy habéis visto, no los volveréis a ver nunca más. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Ex 14.13–14). Esta actitud de confianza y paz solamente la podrá tener usted si está absolutamente seguro de lo que está haciendo. Y la única manera de estar seguro de lo que está haciendo es buscando la voluntad de Aquel a quien sirve. Si usted está caminando en las obras que él preparó de antemano para que usted anduviese en ellas (Ef 2.10), entonces, ¡no hay tormenta que pueda pararlo! Avance tranquilo, que Dios está en control. Para pensar: ¿Puede explicar claramente hacia dónde se dirige usted? ¿Sabe por qué se dirige en esa dirección? ¿Qué evidencias tiene de que esa es la dirección que Dios le ha indicado?
05:29
January 09, 2021
Un proceso misterioso 08/01 - Alza tus ojos
Las lágrimas nos incomodan. Cuando vemos a alguien llorando no sabemos bien qué hacer. Comenzamos a buscar en nuestra mente alguna frase que ayude o anime a la persona, o por lo menos que haga que deje de llorar. Seguramente se debe, al menos en parte, a que muchos hemos crecido en ambientes en los cuales no era aceptable llorar. De diferentes formas se nos insinuó que las lágrimas no se ven bien en los verdaderos ganadores de este mundo. Las lágrimas, sin embargo, son una forma visible de mostrar compasión. Jesús lloró. Lloró en la tumba de Lázaro. Lloró cuando vio el estado espiritual de Jerusalén. Según Hebreos, fue oído en Getsemaní porque ofreció «ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas» (5.7). Su ternura marca un fuerte contraste con la actitud de los pastores de Israel. La denuncia de Ezequiel constituye uno de los pasajes más duros que las Escrituras dirigen a los que ocupan puestos de responsabilidad: «No fortalecisteis a las débiles ni curasteis a la enferma; no vendasteis la perniquebrada ni volvisteis al redil a la descarriada ni buscasteis a la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia» (34.4). Vemos entonces, que el tema de la compasión es un asunto serio para aquellos que hemos sido llamados a pastorear a otros. Sin embargo, cuando nos encontramos con personas quebrantadas no podemos resistirnos a la tentación de decir algo, de ofrecer algún consejo, de citarle a la persona el texto de Romanos 8.28. Tenemos una inamovible convicción de que lo que la persona está buscando es la solución a sus problemas. Si bien es importante ayudar, la exhortación de Pablo nos orienta hacia algo mucho más sencillo e infinitamente más efectivo que las palabras. No nos dice que aconsejemos al que está llorando. Nos manda a que lloremos con esa persona. Ni más ni menos que eso. Esto no necesariamente significa que usted debe derramar lágrimas visibles para cumplir con la Palabra. Pero sí necesita demostrar que su corazón está quebrado por aquello que ha quebrado el corazón de la otra persona. En el momento de crisis, la otra persona no necesita consejos. Lo que necesita es el consuelo de saber que hay otros que la entienden, que su dolor es percibido por aquellos que están a su alrededor. Esta identificación con el que está dolido, tiene más poder terapéutico que todas las palabras de sabiduría que puedan decirse en el momento de angustia, pues abre un camino para que el Espíritu de Dios fluya a través de su persona hacia el corazón del que ha sido golpeado. El tiempo le proveerá la oportunidad de orientar y aconsejar. Pero no pierda la ocasión de hacerse uno con el que está sufriendo. Dios hará grandes cosas en la vida del otro, pero también le tocará profundamente a usted. ¡Qué las lágrimas sean una de las marcas que lo caracterizan como pastor! Para pensar: ¿Cómo veían las lágrimas en su hogar de origen? Cuando ve a una persona llorando, ¿cuál es su primera reacción? ¿De qué maneras puede mostrar su compasión para con los que está ministrando?
05:52
January 08, 2021
Un arma de doble filo 07/01 - Alza tus ojos
Qué lindo es ver a una persona que tiene entusiasmo por lo que cree, que comparte con pasión sus convicciones y ministerio. No podemos evitar ser movidos por el fervor de sus palabras, contagiados por lo infeccioso de sus actitudes. Nos hace bien estar alrededor de esta clase de personas. ¡Pedro era un hombre que llevaba la vida con pasión! Fue él quien se atrevió a caminar sobre el agua. No se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que vio las olas a su alrededor. Él fue el que con entusiasmo sugirió hacer unas enramadas en el monte de la Transfiguración, aunque la Palabra nos dice que no sabía lo que decía (Mc 9.6). Ante las preguntas del Maestro a los discípulos, era Pedro el que siempre tenía la primera respuesta. El entusiasmo es una cualidad importante en un líder. ¿Cómo vamos a motivar a nuestra gente si nuestras palabras y comportamientos comunican poca convicción o, peor aún, indiferencia? Sin duda la pasión juega un rol fundamental en el impacto que tenemos sobre la vida de otros. Pero debemos saber esto: nuestro entusiasmo puede ser también peligroso. En ocasiones nuestra pasión puede ser tan intensa que ni el Señor puede disuadirnos de lo que queremos hacer. ¡Pedro amaba tanto al Señor! Deseaba con desesperación demostrar la profundidad de su compromiso. Con fervor proclamó que jamás le daría la espalda, aunque todos lo hicieran. Cristo intentó dos veces hablar la verdad a su corazón, pero su pasión era tan intensa que ya no estaba abierto a recibir advertencias de nadie, ni siquiera del propio Hijo de Dios. Condimente con mucho entusiasmo todo lo que hace como líder. ¡Celebre que usted es parte de una obra que ha nacido en el corazón mismo de Dios! Pero no olvide que su pasión no siempre es producto de la obra del Espíritu. Existen pasiones que son de la carne, y pueden conducirnos hacia el desastre. En Romanos, Pablo habla con tristeza acerca de los israelitas, diciendo: «yo soy testigo de que tienen celo de Dios, pero no conforme al verdadero conocimiento» (10.2). ¿Quién podía mejor que él testificar de esto? En su juventud había perseguido con fanatismo a la iglesia por «amor» al nombre de Dios. Qué importante es la pasión. Qué cuidado debemos tener con ella. No sea una persona insulsa. Haga que la pasión sea una de las marcas que lo caracterizan como líder. Pero no confíe a ciegas en el camino por el cual lo quiere conducir su pasión. Podría acabar haciendo aquello que jamás se hubiera imaginado: negar al Señor. Para pensar: ¿Es usted una persona de pasión? ¿De que maneras se manifiesta esta pasión? ¿Qué elementos puede incorporar a su ministerio para asegurar que su pasión no lo lleve por un camino equivocado?
05:27
January 07, 2021
La bendición de ser auténtico 06/01 - Alza tus ojos
Un mal que frecuentemente vemos en nuestras iglesias es la tendencia a la imitación. Un evangelista conocido golpea su Biblia y camina por la plataforma durante sus predicaciones, y seguramente veremos la aparición de otros evangelistas que golpean sus Biblias y caminan de la misma forma. Un músico de renombre usa ciertas frases para motivar al pueblo, y al poco tiempo encontramos que las mismas frases se repiten donde quiera que vayamos. Un famoso pastor viste un traje blanco con zapatos negros, y pronto nos vemos rodeados de predicadores con trajes blancos y zapatos negros. Lo que revela este fenómeno es nuestra tendencia a creer que la bendición de Dios está en las formas, y no en la persona que está detrás del ministerio. Creemos que atrapar las manifestaciones externas asegura la bendición que ha acompañado el ministerio del otro. Cuando David se ofreció para enfrentar a Goliat, Saúl se mostró escéptico: «tú eres un muchacho, mientras que él es un hombre de guerra desde su juventud». El hijo de Isaí, sin embargo, estaba decidido a proseguir con su cometido. Frente a su insistencia, el rey decidió prestarle su equipo de guerra. Quizás por respeto, el joven pastor de ovejas se colocó la pesada armadura y empuñó la espada, pero encontró que eran demasiado incómodas como para serle útiles. Optó entonces por las herramientas que utilizaba todos los días, el callado y la honda. Existe un principio importante detrás de este incidente. Si el Señor va a usar a una persona, será con las habilidades que Dios le ha dado y no con las habilidades que le ha dado a otros. La iglesia no necesita de réplicas. Necesita de hombres y mujeres que sean fieles con lo que han recibido. Si usted se esfuerza por ser lo que no es, nadie podrá reemplazar el lugar que usted deja vacío. Dios lo capacitó a usted para ocupar ese lugar. No se avergüence de ser lo que es, ni de las herramientas que tiene a mano. Quizás no sean tan impresionantes como las que otros tienen, pero son las herramientas que le han sido útiles en el pasado. No pida disculpas por ser de la manera que es. La bendición del Señor descansa sobre su vida cuando usted es genuinamente lo que Dios le ha mandado a ser. Ninguna imitación podrá ser tan buena como el original. Levante la frente y avance confiado. ¡Dios está con usted! Para pensar: ¿Conoce las herramientas que Dios le ha dado para que ejerza el ministerio encomendado? ¿Cómo puede desarrollar mejor los dones que ha recibido? ¿Cuáles cree que serían las consecuencias de desarrollar el ministerio con herramientas prestadas?
04:50
January 06, 2021
La fuerza del gozo 05/01 - Alza tus ojos
El camino hacia la reconstrucción de los muros de Jerusalén había estado repleto de obstáculos. El pueblo tuvo que luchar con rumores, con divisiones, con oposición y con fatiga. En más de una ocasión habían sentido el fuerte deseo de desistir de la tarea que tenían por delante, la tentación de «tirar la toalla». Un panorama tan duro es más que propicio para el desánimo, tierra fértil para que el agobio se instale en nuestros corazones y andemos con el semblante triste y abatido. Estas son las respuestas normales del alma a situaciones donde la adversidad parece no tener fin. Jesús mismo, frente a la inminencia de la cruz, comenzó a entristecerse y a angustiarse, confesando: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo» (Mt 26.37). El líder sabio no se engaña a sí mismo en cuanto a sus verdaderos sentimientos. Sin embargo, sabe que estos sentimientos deben ser tratados inmediatamente para no afectar su vida espiritual. Jesús no perdió tiempo en convocar a sus tres amigos para que le acompañaran mientras oraba. Sabía que la tristeza que se instala en forma permanente en nuestras vidas afecta profundamente la manera en que vemos y hacemos las cosas. Nos lleva a actitudes negativas y de desesperanza; nos invita a que dejemos de luchar, porque comenzamos a creer que nuestra situación no tiene arreglo. Nos conduce indefectiblemente hacia el camino de la depresión, porque nadie puede vivir en forma indefinida con falta de esperanza. El hombre desanimado ya está derrotado, porque ha perdido la voluntad de seguir peleando. Jesús, al igual que Nehemías, sabía que era esencial reavivar el gozo, que es la fortaleza del hombre espiritual. Su agonía en Getsemaní no terminó hasta que lo había recuperado. Debidamente fortalecido «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz» (Heb 12.2). Este tipo de gozo no es un sentimiento sino una convicción espiritual. Las circunstancias pueden ser adversas en extremo, pero el gozo viene cuando conseguimos sacar nuestros ojos de las cosas que se ven, y ponerlos firmemente en las cosas que no se ven (2 Co 4.18). El líder cuyo corazón está lleno de gozo realmente es imbatible, porque su vida está firmemente anclada en las realidades eternas del reino, y no en las temporales de este mundo. Tiene una convicción inamovible de que hay un Dios que reina soberano sobre todas las cosas, y que la especialidad de ese Dios es utilizar la adversidad y la derrota para traer bendición a su pueblo. No permita que la crisis lo entristezca. Si es necesario, derrame su alma delante de Dios, como Cristo en Getsemaní. Pase lo que pase, recupere el gozo de ser parte de los que vencen. El pueblo que está con usted necesita ver a un pastor que no le tiene miedo a las dificultades, porque sabe que nuestro Padre celestial siempre tiene la palabra final en todas las circunstancias. Para pensar: ¿Cuál es su reacción normal a las dificultades y a las crisis que se le presentan? ¿Qué pasos toma para remediar los sentimientos de abatimiento y desánimo? ¿Cómo puede cultivar el gozo en forma cotidiana?
05:45
January 06, 2021
Preparados para toda circunstancia 04/01 - Alza tus ojos
No sabemos qué es lo que produjo mayor frustración en los discípulos: El hecho de que no habían podido sanar al epiléptico, o la explicación que Jesús les dio acerca de por qué no pudieron hacerlo. No ha de sorprendernos que los discípulos se sintieran un tanto mortificados. En lugar de encontrar la salida para el muchacho, se habían enredado en una discusión con los fariseos. Cuando Jesús llegó, se ocupó del muchacho con una sencillez y autoridad que marcaba un dramático contraste con la inseguridad de los discípulos. ¡De seguro que se sintieron avergonzados por su falta de efectividad y esto los llevó a pedir una explicación! La respuesta del Maestro, sin embargo, no esclarecía mucho el panorama. ¿Por qué él dijo que era necesario orar (y ayunar, según algunos manuscritos antiguos)? La verdad es que él no oró ni ayunó en esta ocasión. Simplemente indagó un poco sobre el historial del muchacho y luego expulsó el demonio. ¡Así de fácil! ¿Cómo podía, entonces, señalar la oración y el ayuno como el «secreto» del éxito logrado? ¿Se refería, acaso, a que los discípulos debían orar, aunque él no lo había hecho, porque ellos no tenían la autoridad que él tenía? La verdad es que dudo que fuera esta su intención. El comentario de Jesús indica que la oración debe ser una parte fundamental del armamento que el siervo de Dios utiliza para enfrentar el mal. Pero el momento para echar mano a la oración no es cuando la batalla ya está librada. No podemos detenernos para afilar nuestra espada cuando tenemos al enemigo encima nuestro. Cuando llega la situación que requiere de una enérgica y rápida intervención, el siervo de Dios debe actuar. El momento para orar, en cambio, es antes de la batalla. Solamente por medio de la oración podrá obtener la sabiduría y la autoridad necesarias para que su ministerio sea efectivo. Seguramente esta es una de las razones por las que Jesús frecuentemente se apartaba a lugares solitarios para orar. En esta ocasión, Jesús venía del monte de la Transfiguración, donde había participado de una singular experiencia con el Padre. Sus sentidos espirituales estaban agudizados. En un sentido, cuando bajó al llano, él ya venía «orado», de modo que cuando se presentó la oportunidad de ministrar, pudo intervenir en forma decisiva. Esta ha sido, también, la característica de todo ministerio efectivo a lo largo de la historia del pueblo de Dios. Quienes han dirigido estos ministerios siempre se han caracterizado por ser personas con vidas de oración bien desarrolladas. Así también debe ser entre nosotros. Nuestra labor pastoral constantemente nos enfrenta a situaciones ministeriales imprevistas. Muchas de ellas no nos dan tiempo para prepararnos. Más bien, debemos actuar en ese mismo instante. ¿Cómo no aprovechar, entonces, los tiempos de quietud y silencio para cultivar esa vida espiritual que marcará la diferencia a la hora de actuar? ¡Si aspiramos a derrotar al enemigo, debemos mantener siempre afiladas nuestras espadas! Para pensar: ¿Cuánto tiempo invierte a diario en cultivar su vida espiritual? ¿Cuáles son las actividades que usa para esto? ¿En qué aspectos de este ejercicio espiritual cotidiano necesita mejorar?
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January 05, 2021
La corrección que restaura 03/01 - Alza tus ojos
Desviarse hacía la derecha o la izquierda es una tendencia natural en el ser humano y nuestra responsabilidad pastoral exige que estemos comprometidos con «apartar de la maldad» (Mal 2.6), a muchos. La manera en que hacemos esta tarea, sin embargo, es un tema que debemos considerar con mucho cuidado. Pablo recuerda a Timoteo, en primer lugar, que el siervo de Dios no debe ser la clase de persona que se enreda en discusiones inútiles y acaloradas. Esta es una exhortación que el apóstol repite varias veces en sus dos cartas al joven pastor. Tendemos a creer que la verdad penetra el corazón de aquellos con los cuales estamos hablando, por la elocuencia y la vehemencia de nuestros argumentos. Nuestras enérgicas discusiones, sin embargo, frecuentemente delatan una falta de paciencia y amabilidad para con aquellos que ven las cosas de manera diferente que nosotros. En segundo lugar, Pablo enseña a su hijo espiritual que ha sido llamado a ser sufrido. Esto tiene que ver con la capacidad de saber cuándo es tiempo de callar. Nuestra responsabilidad es advertir y exhortar al cambio, pero no podemos insistir en que la otra persona reciba nuestro consejo. A veces, como pasó con Pedro cuando se le advirtió que iba a traicionar a Cristo, debemos callarnos y dejar que la otra persona prosiga con su necedad. El Maestro repitió dos veces su advertencia; luego, calló. Sabía que sus palabras seguirían trabajando en el corazón de Pedro para producir, a su tiempo, el fruto necesario. El sufrimiento viene cuando sabemos que el otro va a lastimarse y no podemos hacer nada para evitarlo. En tercer lugar, Pablo advierte que toda corrección debe ser llevada a cabo con un espíritu de ternura. Muchas veces, nuestras correcciones toman la forma de denuncias acaloradas, llenas de ira y condena. Pero el siervo de Dios debe moverse con un espíritu de cariño porque entiende claramente que no es él quien va a producir el arrepentimiento en la otra persona. Posee una profunda convicción de que está en las manos de Dios producir ese cambio en el corazón de la otra persona. La corrección que hace, por lo tanto, es un aporte que debe complementar el trabajo que el Señor está realizando en la vida del otro. De esta manera, el siervo entrega la palabra y descansa, confiado en la obra soberana del Espíritu, cuya función, entre otras, es «convencer al mundo de pecado» (Jn 16.8). Cuando veamos a alguien en pecado, acerquémonos para dar la Palabra en su medida justa. Que el resto de nuestra energía sea canalizada en hablarle a Dios de lo que estamos viendo en la vida de la otra persona. ¡Seguramente nuestra corrección será mucho más efectiva! Para pensar: ¿Cuál es su reacción inicial cuando ve a otros en actitudes o comportamientos incorrectos? ¿Qué revela esto acerca de su persona? ¿Qué cosas necesita incorporar a su actitud pastoral para ser más tierno con aquellos que corrige?
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January 03, 2021
Vivir con injusticias 02/01 - Alza tus ojos // Música de fondo: Glorioso - Vanessa Martínez
Podemos convivir con muchas dificultades y sacrificios, pero cuando percibimos que hemos sido tratados con injusticia nos sentimos traicionados en lo más profundo de nuestro ser, especialmente cuando viene de aquellos que más amamos. La agonía de esta insoportable carga la capta el salmista: «No me afrentó un enemigo, lo cual yo habría soportado, ni se alzó contra mí el que me aborrecía, pues me habría ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, ¡mi guía, y mi familiar!, que juntos comunicábamos dulcemente los secretos y andábamos en amistad en la casa de Dios» (55.12–14). El líder maduro deberá aprender a manejar correctamente las injusticias para evitar un proceso que le quitará el gozo y la paz y, eventualmente, pondrá fin a la efectividad de su ministerio. Nada ilustra esto con tanta fuerza como la vida de los hermanos de José. A pesar de que habían pasado 44 años desde aquella terrible decisión de vender a José como esclavo, seguían atormentados por lo que habían hecho, presos del miedo a la venganza. Piense en eso. ¡La mitad de la vida atormentados por algo que habían hecho casi 50 años antes! No sabemos en qué momento José resolvió las devastadoras consecuencias de ser vendido por sus hermanos, pero el texto de hoy nos da pistas acerca de dos cosas que habían ayudado a José a superar la crisis. En primer lugar, José entendía que él no estaba en el lugar de Dios, y que juzgar a sus hermanos era algo que no le correspondía. Nuestros juicios siempre van a estar empañados por nuestra limitada visión humana. Solamente Dios juzga conforme a la verdad. Por esta razón, no le es dado a los hombres el emitir juicio contra otros. Aun el Hijo de Dios se abstuvo de emitir juicio, diciéndole a los judíos: «Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie» (Jn 8.15). En segundo lugar, José tenía una convicción profunda de que Dios estaba detrás de lo que le había pasado. Esto es algo fundamental para el hijo de Dios. Con demasiada frecuencia nuestra primera reacción en situaciones de injusticia es cuestionar la bondad de Dios, preguntando por qué él ha permitido lo acontecido. Pasaron años antes de que José comenzara a ver el «bien» que el Señor tenía en mente cuando permitió que la tragedia tocara tan de cerca su vida. Mas la convicción de que Dios puede convertir aún las peores maldades en bendición siempre existió, y esto guardó su corazón de la amargura y el rencor. Para pensar: Note cuán hermoso es el cuadro que nos presenta el pasaje de hoy. José, el hombre que había sido tan injustamente tratado por sus hermanos, llora por la angustia de ellos. Luego les habla cariñosamente y se compromete a proveer para el futuro de ellos. Allí está la evidencia más convincente de que Dios había obrado en lo más profundo de su ser. El herido podía ministrar a los que le habían herido. ¡Esto es gracia divina!
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January 02, 2021
La fe que vence, 01/01 Alza Tus ojos
La fe debe ser una de las cualidades que distingue al siervo del Señor. Existe en el pueblo de Dios, sin embargo, bastante confusión acerca de este tema. Para muchos la fe no es más que un deseo de que las cosas salgan bien. Es la esperanza de que las circunstancias se resuelvan favorablemente y que las dificultades no nos afecten demasiado. Una exhortación que escuchamos con cierta frecuencia en la iglesia es la de hacer las cosas con más fe, lo que delata una convicción de que la fe se refiere a manifestar mayor entusiasmo en los emprendimientos. El versículo de hoy nos da una clara idea de que la fe es algo enteramente diferente. Las instrucciones de Dios, que llamaban a Abraham a ofrecer en sacrificio a su único hijo, Isaac, ubicaban al patriarca en el centro de lo que podría ser una profunda crisis personal. La noche posterior a estas instrucciones debe haber sido una interminable agonía, mientras Abraham luchaba con las reacciones naturales a tamaña petición. ¿Cómo podía este gran Dios pedirle el hijo que tantos años había esperado, que él mismo había prometido? Sin embargo, Abraham no permitió que sus emociones fueran el factor decisivo en su comportamiento. Entendía que el siervo de Dios es llamado a la obediencia, aun cuando no entiende lo que el Señor está haciendo ni el porqué de las circunstancias en las cuales se encuentra. Es, ante todo, en las palabras del apóstol Pablo, un «esclavo de la obediencia» (Ro 6.16). Note la abundancia de verbos en el versículo de hoy: se levantó, preparó, tomó, cortó, salió, y fue. Sin importar la magnitud de su angustia, el padre de la fe comenzó muy de mañana con los pasos necesarios para hacer lo que se le había mandado, mostrando, de esta manera, lo que es la esencia de la fe. La fe es una convicción profunda en la fidelidad de Dios, que conduce indefectiblemente a la acción. Es la certeza de que, no importa cuán contradictorias y difíciles sean las circunstancias, Dios no se verá limitado en su propósito de cumplir su Palabra. En este caso, según el autor de Hebreos, Abraham creía que Jehová era «poderoso para levantar a Isaac aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir» (Heb 11.19). Estos son tiempos en los cuales nuestro pueblo se ve constantemente rodeado de crisis, tiempos difíciles. Si esperamos que actúe con fe, nosotros debemos mostrarle esa misma confianza tenaz en la bondad de Dios, evidenciada en acciones concretas que no pierden tiempo en dudas, vacilaciones ni argumentaciones. ¡Qué nuestras vidas puedan ser caracterizadas por una abundancia de verbos! Para pensar: ¿Con cuánta frecuencia se siente profundamente incomodado por la Palabra de Dios? ¿Qué reacciones producen en usted las demandas de Dios que le desafían a la obediencia «ciega»? ¿Qué cosas puede hacer para que en su vida haya menos vacilación y mayor acción?
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January 01, 2021
INTEGRO
Natanael fue el único en recibir este adjetivo, a pesar de su característica respuesta ante el llamado de Jesucristo. ¿Lo conoces?
09:10
October 03, 2020
CUANDO BLANCA SEA REINA
“Los efectos de la postmodernidad, sigilosamente, nos han dejado desarmados ante el avance de diferentes problemas reales que ya tienen efectos casi letales en nuestras sociedades... o por lo menos en nuestros valores.”
08:32
August 08, 2020
ENERGÍA ATÓMICA
¿Cuál es la fuerza más poderosa, para crear o destruir, que has conocido?
04:39
July 17, 2020
¿DESDE QUÉ ACERA MIRAS LA VIDA?
No andamos acéfalos de ideas o puntos de vista. Siempre nos paramos en la vida con un punto de vista o con un prejuicio, propio o de terceros; necesitamos definir desde que óptica estamos viendo nuestras decisiones más importantes.
12:14
June 07, 2020
POR UNA OREJA
La vida día a día nos corta partes, piezas de nuestro cuerpo; nos destruye sentimientos, golpea nuestras relaciones, allana nuestras mente, bloquea nuestras emociones y metas… Pero Dios está siempre disponible para sanarnos y restaurarnos las partes vulneradas.
09:18
April 29, 2020
PR. DIEGO BRACHO - EN EL MEJOR LUGAR 26042020 IML CASA GRANDE
Estás en el mejor lugar y en el mejor momento para tener un encuentro genuino con Jesús y llevar a otros a ese encuentro especial también.
31:55
April 27, 2020
PR. DIEGO BRACHO - EL AMOR ECHA FUERA EL TEMOR 19042020 IML CASA GRANDE
Nos preguntamos ¿donde está Dios en esta crisis? Pero nos olvidamos donde estaba cuando no había crisis, ¿donde estábamos nosotros en ese tiempo?
32:01
April 22, 2020
PR. DIEGO BRACHO - DOMINGO DE RESURRECCIÓN 12042020 IML CASA GRANDE
El significado actual de la resurrección de Jesucristo y el impacto por tener la certeza de la ocurrencia de ese evento para nuestra fe.
34:53
April 14, 2020
¿INGRATITUD O RELIGIOSIDAD?
¿Qué es lo que nos impide reconocer que es Dios quien hace posibles todas las cosas en nuestras vidas? Las permite o las provoca, pero nada se escapa de Su perfecta voluntad y Su Poder es suficiente para que no tengamos más que inclinarnos a sus pies y decirle: gracias Dios, de verdad siempre has sido bueno.
48:44
April 12, 2020
¿INGRATITUD O RELIGIOSIDAD? PARÉNTESIS IGLESIA EN CASA
¿Está la Iglesia preparada para darle al mundo lo que va a necesitar en las épocas que se avecinan?
05:11
April 09, 2020
¿CUÁNTO HAS ENTREGADO?
Mensaje Domingo 16/02/2020 Comunidad Cristiana Casa Grande, Santiago, Chile
01:18:06
April 07, 2020
VOLVER A EMPEZAR
Una invitación desde el cielo para que no dejemos que las adversidades, problemas y cuestiones desagradables de la vida, nos paralicen o limiten y que, por el contrario, las utilicemos como fuente de impulso para volver a empezar.
09:15
April 04, 2020